Este fin de semana estuve en un pequeño pueblo de mi país moría de calor gracias a los constantes apagones pero aun así estaba allí aguantando todo lo posible y tomando conciencia sobre el verdadero cariño que le tome a mi cama.
Volvimos hoy domingo, y apenas pude tirarme en mi cama lo hice y fue como... Amor a primera vista, me enamore totalmente de mi cama y mi almohada y toma la importante decisión de no volver a viajar sin ellas.
Entonces me di cuenta que es bueno tener siempre un lugar al cual llamar hogar, donde seamos nosotros y donde seamos feliz sin complacer a absolutamente nadie. Y por supuesto donde podamos andar con pijama libremente. Un lugar donde sentarnos cómodamente y tomar la tasa de café del día.
Porque No hay lugar como tu hogar, allí perteneces tu.

